La exodoncia atraumática representa hoy en día un pilar fundamental dentro de la cirugía oral contemporánea, especialmente cuando se contempla un abordaje restaurador o implantológico posterior. El enfoque clásico de “extraer la pieza dental” ha evolucionado hacia una perspectiva mucho más conservadora, centrada no solo en la remoción del diente como objetivo, sino en la preservación minuciosa de los tejidos duros y blandos adyacentes, con énfasis en mantener la arquitectura ósea alveolar original. Esta visión moderna no solo es clave para facilitar futuras rehabilitaciones, sino también para minimizar la morbilidad del procedimiento y optimizar la regeneración ósea y tisular.
Uno de los desafíos más relevantes en este contexto es el control y la protección de las paredes óseas alveolares —especialmente las delgadas corticales vestibulares en sectores anteriores— cuya pérdida puede comprometer no solo la posibilidad de colocar un implante en condiciones óptimas, sino también la estética final del tratamiento. Por ello, toda exodoncia que se realice con intención implantológica, o simplemente con visión reconstructiva, debe seguir un protocolo quirúrgico preciso que priorice el respeto por el hueso y por los tejidos blandos.
En este sentido, la planificación tridimensional (3D) ha revolucionado el abordaje quirúrgico previo a la extracción. Gracias al uso del CBCT (Cone Beam Computed Tomography), el clínico puede analizar con detalle la morfología radicular de cada diente: número y curvatura de raíces, grosor del hueso circundante, presencia de concavidades, relación con estructuras anatómicas vecinas (como seno maxilar o conducto dentario inferior), e incluso evaluar patologías periapicales que puedan debilitar el hueso. Esta información es vital para decidir la estrategia quirúrgica más conservadora posible y anticiparse a complicaciones.
Uno de los aspectos que más afectan la dificultad del procedimiento es el estado previo del diente a extraer. Las piezas que han sido sometidas a tratamientos endodónticos o que han experimentado una atricción severa a lo largo del tiempo tienden a desarrollar grados variables de anquilosis parcial al hueso alveolar circundante. Esta situación, muchas veces subestimada, puede dificultar enormemente la luxación del diente e incrementar la posibilidad de fractura radicular durante la extracción. La dentina desvitalizada y frágil, en combinación con un ligamento periodontal reducido o inexistente, hace que estos casos requieran aún más precisión y planificación.
Por todo ello, resulta imprescindible contar con instrumental avanzado y especializado que facilite una extracción controlada y segmentada. El uso de periotomos finos, luxadores angulados de alta precisión, elevadores periapicales delicados, fórceps periotomizados y dispositivos piezoeléctricos ha demostrado ser de gran utilidad para minimizar el trauma quirúrgico. En particular, el piezoeléctrico permite realizar cortes óseos o de odontosección con gran precisión, respetando los tejidos blandos y reduciendo el riesgo de perforaciones accidentales.
Un principio clave dentro de esta filosofía quirúrgica es la priorización de la odontosección sobre la osteotomía. Mientras que la osteotomía implica sacrificio directo de hueso alveolar para lograr la luxación del diente, la odontosección permite dividir la pieza en fragmentos estratégicos que pueden ser removidos individualmente con mínima o nula necesidad de remover hueso. Esta técnica permite separar raíces divergentes o realizar cortes que faciliten la extracción de raíces retenidas sin dañar el contorno óseo.
El objetivo final no es acelerar el procedimiento, sino ejecutarlo con máxima precisión y respeto por los tejidos, siendo plenamente conscientes de que cada milímetro de hueso preservado representa una ventaja futura en la estabilidad, integración y estética de cualquier tratamiento reconstructivo posterior.
En resumen, la exodoncia atraumática no es una técnica aislada, sino una filosofía quirúrgica completa basada en la planificación avanzada, el conocimiento anatómico detallado, la selección del instrumental adecuado y una mentalidad conservadora. Este enfoque permite al clínico maximizar los resultados funcionales y estéticos en el corto y largo plazo, evitando complicaciones y potenciando el éxito de los tratamientos posteriores, ya sean implantes, injertos o prótesis. Adoptar esta filosofía requiere formación, planificación, y un cambio de paradigma: de «extraer dientes» a preservar arquitectura y facilitar la regeneración.