La extracción de terceros molares incluidos y semiincluidos es un procedimiento que, si bien común en la práctica odontológica, requiere de un análisis meticuloso para garantizar que se lleve a cabo con el menor trauma posible. No se trata simplemente de retirar un diente, sino de comprender la relación de esa estructura con los tejidos circundantes, anticipar dificultades y elegir la estrategia quirúrgica que permita una resolución eficaz sin comprometer estructuras vitales.
Todo comienza con el análisis previo, que es fundamental. No se debe tocar un cordal sin antes haber evaluado su posición exacta, la densidad ósea que lo rodea y su cercanía a estructuras clave como el nervio dentario inferior, el seno maxilar o la raíz del segundo molar. Para ello, una radiografía panorámica suele ser el primer paso, pero en casos más complejos, la tomografía computarizada de haz cónico (CBCT) se vuelve indispensable. Es en estas imágenes donde se define la estrategia quirúrgica: si la inclinación del molar dificulta su salida en una sola pieza, si es necesario reducir hueso o incluso si la proximidad del nervio impone una coronectomía en lugar de una extracción completa.
Con la planificación clara, la cirugía se aborda con la menor agresión posible. Se diseña un colgajo que proporcione acceso sin comprometer la irrigación de los tejidos, evitando desgarros y asegurando que la sutura posterior facilite una buena cicatrización. Aquí, el equilibrio entre osteotomía y odontosección es clave. En muchos casos, más que eliminar hueso en exceso, lo más eficiente es dividir el diente en fragmentos manejables, lo que permite su extracción sin necesidad de ampliar demasiado la cavidad quirúrgica. Cada movimiento del bisturí, cada corte con la fresa, cada aplicación del elevador debe hacerse con precisión, siempre protegiendo estructuras como el nervio lingual y la raíz del segundo molar.
La extracción en sí debe ser un acto controlado, sin brusquedades. No se trata de hacer palanca sin más, sino de aprovechar los puntos de menor resistencia. Una sindesmotomía completa antes de intentar cualquier movimiento de luxación facilita el trabajo y reduce el daño a los tejidos circundantes. Cuando finalmente el diente es retirado, es el momento de evaluar la cavidad, eliminar cualquier espícula ósea que pudiera incomodar en la cicatrización y asegurar una hemostasia adecuada antes de proceder al cierre.
El postoperatorio es tan importante como la cirugía misma. Una sutura bien colocada, la indicación correcta de antiinflamatorios y un control estricto de la higiene oral determinarán la recuperación del paciente. Evitar infecciones, reducir el riesgo de alveolitis seca y controlar el edema son parte del proceso, asegurando que la extracción no solo sea exitosa en el acto quirúrgico, sino también en la recuperación sin complicaciones.
La cirugía de cordales incluidos es un procedimiento que exige precisión, conocimiento anatómico y una planificación detallada. No es simplemente un acto mecánico de extracción, sino una intervención donde cada decisión influye en el desenlace, y donde el objetivo final no es solo retirar un diente, sino hacerlo de la manera más conservadora y segura posible para el paciente.